Darrel bajó a la cocina para preparar la cena.
A esas horas, el silencio se extendía como un manto pesado en la mansión; los empleados ya se habían retirado, dejando atrás solo la soledad de las paredes vacías.
Mientras cortaba los ingredientes y sentía el calor del fogón, su mente no dejaba de pensar en Mora: en lo distante que estaba, en cómo la había herido.
El repiquetear de los cubiertos sobre los platos era el único sonido que lo acompañaba, pero incluso ese ruido parecía acusarlo de sus