Al día siguiente
Darrel despertó con la luz del amanecer filtrándose por la ventana, pero la calidez del cuerpo de Mora a su lado ya no estaba.
Frunció el ceño y se incorporó con rapidez. La ausencia de su esposa en la cama le produjo una punzada de ansiedad en el pecho.
La buscó con la mirada y, al no encontrarla, se levantó enseguida.
Bajó las escaleras a paso firme. Pronto la encontró en la cocina.
El olor a café recién hecho se mezclaba con el sonido suave de las sartenes.
Allí estaba Mora,