Mora abofeteó el rostro de Bernardo con una furia que llevaba tiempo acumulada. El sonido de la bofetada resonó como un eco en el salón. Él no se inmutó, pero la intensidad de su mirada la estremeció.
—¡No vuelvas a hablarme de amor! —espetó Mora, temblando de rabia—. ¡Menos aún cuando tienes a una mujer que te ama y está a punto de ser tu esposa! Yo estoy casada, ¡respétame! Respétame a mí y respeta a Alma. No quiero nada contigo, no me interesas, y te prohíbo que vuelvas a hablarme de este tem