Dylan aceptó verlo, pero sus piernas se sentían como si fueran de plomo mientras avanzaba hacia la puerta de la habitación.
Cada paso que daba parecía arrastrarlo más al abismo emocional que lo había consumido durante las últimas horas.
Marella, a su lado, tomó su mano y la apretó con fuerza, como un ancla que lo mantenía a flote.
—Estoy contigo —le susurró, su mirada, reflejando un amor profundo, mezclado con una preocupación que no podía ocultar.
Dylan asintió, intentando reunir fuerzas.
El pa