—¿Vengarnos? ¿Cómo? —preguntó Suzette con un hilo de voz, como si la idea misma le resultara inverosímil.
Franco esbozó una sonrisa llena de malicia, sus ojos destilaban una determinación feroz.
—Confía en mí. Por ahora, solo tenemos que fingir que somos amantes. Hazle sentir a ese imbécil que, si él se divirtió con la mujerzuela de mi esposa, tú también disfrutaste de algo mucho mejor. Que sienta el miedo, la humillación... Y mientras tanto, yo me encargaré de dejar a Claudia sin nada. Si me ay