Marella tomó la copa y apenas probó el líquido. Frente a ella, el hombre le sonreía, como si ya supiera lo que vendría. Solía emplear esas tácticas para acercarse a mujeres jóvenes y hermosas, aquellas que normalmente no le dirigirían ni una mirada.
—¿Y bien, primor? ¿Cuál es el asunto? —preguntó él, con una sonrisa calculada.
Marella respiró hondo antes de responder, procurando que su voz no temblara.
—Mi padre fue acusado de malversación de fondos, pero es inocente, ¡lo juro!
El hombre arqueó