Dylan observó a Marella con sorpresa e intriga.
—¿Estás bien, Marella? ¿Qué haces aquí?
Ella lo miraba con una mezcla de miedo y urgencia, echando rápidas miradas hacia atrás. En ese momento, el hombre que la seguía los alcanzó y, con una expresión retorcida, tomó a Marella del brazo.
—No pasa nada, señor, ella es mi mujercita. Ha bebido un poco de más, vendrá conmigo.
—¡Suéltame! —gritó Marella, mientras su mirada empezaba a nublarse.
Dylan sujetó el brazo de Marella y se enfrentó al hombre con