Marella miró a Glinda y Yolanda con desprecio, pero sabía que ya había tenido suficiente de ellas. Todo lo que quería era marcharse. Estaba a punto de irse cuando la voz chillona de Glinda la detuvo.
—¡Marella, has robado mi anillo de compromiso! ¡Devuélvemelo!
Marella se giró, furiosa, sus ojos ardiendo de indignación.
—¡Vete al diablo! No te he robado nada.
Yolanda, rápida como un rayo, le arrebató el bolso a Marella antes de que pudiera reaccionar. Abrió el cierre y, para sorpresa de nadie, a