Valentino no tuvo oportunidad de defenderse.
Los agentes lo escoltaron fuera del hospital sin darle espacio a explicaciones, mientras los pasillos se llenaban de murmullos, miradas curiosas y una tensión que crecía con cada paso. Su expresión era rígida, incrédula, como si todavía estuviera intentando procesar la acusación.
—Esto es un error —repitió una vez más, aunque su voz ya sonaba más contenida que al inicio—. Van a rectificar esto.
Pero nadie respondió.
Anabela y Marisol reaccionaron de i