Al día siguiente, Carlo no conocía el descanso.
Había pasado la noche entera recorriendo calles, llamando a contactos, interrogando a cualquiera que pudiera saber algo. Sus ojos estaban enrojecidos, su ropa desordenada, y su mente… completamente consumida por una sola idea: encontrar a Alyna.
No había espacio para nada más.
Ni para el cansancio. Ni para la culpa… aunque esta lo perseguía como una sombra imposible de ignorar.
Caminaba de un lado a otro, con el teléfono en la mano, esperando una l