Carlo no esperó permiso; sus labios tomaron posesión de la boca de Alyna con una urgencia que quemaba.
No hubo resistencia, solo una capitulación absoluta. Alyna devolvió el beso con una energía salvaje, una sed que solo él podía saciar.
Nunca había sido capaz de negarse a los besos de Carlo; desde el primer encuentro, ese contacto eléctrico había sido su perdición.
Cuando sus labios descendieron hacia la curva de su cuello, Alyna supo que estaba perdida.
La realidad se desdibujó, dejando solo l