—¿Dónde está la mujer que me salvó?
—Ella… se fue. Dijo que tenía que recoger a su hija.
Valentino apretó la mandíbula.
—Tienes cinco minutos para encontrarla —ordenó—. No me gusta deberle nada a nadie.
René asintió.
***
Lejos de ahí, Marisol estacionó frente a la guardería.
Al ver a su hija, Lilith, correr hacia ella con una sonrisa, todo el peso del día pareció disminuir.
—Mamita —dijo la pequeña, abrazándola.
Marisol la cargó, aspirando su aroma, tratando de convencerse de que todo estaba bi