—Mucho gusto, señorita Smith. Un placer conocerla.
La voz de Lilith fue suave, educada… pero completamente distante.
No había calidez en su sonrisa, solo una cortesía impecable, casi fría. Era el tipo de trato que se le da a un desconocido, a alguien sin importancia.
Valeria Smith sintió el golpe de inmediato.
Por un segundo, su expresión se congeló. Su sonrisa, que había preparado con tanto cuidado, se desmoronó como si nunca hubiera existido.
Sus ojos brillaron con incredulidad… y luego con a