—Madre, no puede ser… ayúdame a recuperar a Lilith.
Su voz se quebró al final, más de lo que ella misma habría querido admitir. No era habitual en ella pedir ayuda de esa forma, tan directa, tan expuesta, casi vulnerable. Y sin embargo, ahí estaba, con el peso de algo que no sabía cómo manejar sola.
Su madre no hizo preguntas de inmediato. Solo tomó su mano con calma, con una serenidad que contrastaba con el caos interno de Lilith. La miró con una suavidad que no exigía explicaciones urgentes.
Y