Esa voz… No podía ser cierto.
Con mis brazos aún cubriendo mi rostro, me atreví a mirar al hombre que entraba con su porte imponente. Cabello castaño oscuro, ojos grises, rasgos severos. Alexander.
Él estaba aquí, con su expresión endurecida, dirigiéndose a mi padre, quién seguía a mí lado.
Aún no podía respirar y me dolía la cabeza horriblemente, pero por alguna razón, sentí mis extremidades más livianas y la tensión en mis hombros, desapareció. Me atreví a bajar las manos, descubriendo mi r