Estuve a punto de preguntárselo, pero la puerta fue tocada.
Él no se movió, yo no me moví. Nos quedamos viéndonos mientras escuchábamos como aporreaban la madera.
—Deberías ir a ver quién es… —susurré contra sus labios.
—¿Y dejar a mi dulce esposa con la duda carcomiéndole la cabeza? —Volvió acercar su boca, sus labios rozándose con los míos—. Pregúntame lo que quieres saber. Dime tu duda y te responderé con completa honestidad —Prácticamente, me estaba suplicando que lo hiciera—. Haz la pregu