Jamás había bañado a un perro y menos a uno tan grande, pero debía mantenerlo limpio lo mejor posible para que Alexander no se ponga de malas y decida echar al pobre animal.
¿Los shampoo de humanos eran buenos para los perros? Ni idea, pero era lo que había.
Cafecito ladró mucho mientras lo bañaba y debía admitir que estaba un poco asustada, ya que no sabía si reaccionaría mal por mojarlo. Por suerte, no fue así.
—¡Listo, terminamos! —Le dije al can, quién ya había comido y ahora estaba