Una vez que Alexander se fue, recogí rápidamente la sábana y envolví mi cuerpo. No sé por qué hice eso, ya que no había nadie en la habitación.
Mis pies se movieron solos y no fue hacia el baño, sino hasta mi cartera, donde me fijé que aún tenía la tarjeta de Alexander. Aunque ahora que lo pensaba… Él jamás me la pidió de regreso.
Negué con la cabeza, ya que eso no me preocupaba ahora. Dejé su tarjeta a un lado y tomé mi celular. Hice lo más sensato que haría una mujer en su veintena ante u