¿Quién lo estaba llamando que lo puso de tan mal humor?
Quise ver el nombre en la pantalla, pero justo en ese momento, contestó, llevándoselo a la oreja.
Aproveché que estaba distraído y me escapé de su regazo, ajustando la sábana blanca alrededor de mi cuerpo. Lo miré desde lejos, detallando su ceño fruncido, la tensión en su mandíbula y la línea recta que formaba sus labios. Él ya poseía un rostro de limón, pero esta vez parecía que su acidez había aumentado.
Todas sus respuestas eran cor