••Narra Kiara••
¿Él creía qué estaba dormida?
Mantuve mi respiración relajada y mis ojos cerrados, fingiendo dormir.
La mano grande y cálida de Alexander se metió debajo de mi camisón, pero no con intenciones pecaminosas. Al menos, esta vez no.
Acarició mi vientre delicadamente, pero al mismo tiempo, con una intensidad que me desarmó. Me gustaba lo mucho que él amaba a nuestro bebé. Era bonito saber que nuestro pequeño vendría a este mundo a ser feliz.
Sin Marcos, sin Federico, sin Rebec