La noche en Ciudad de México se sentía especialmente fría y opresiva para Jacinta. Dentro del taxi que avanzaba atravesando la Avenida Insurgentes, estrujaba su pañuelo entre las manos hasta arrugarlo por completo. Su mente no dejaba de imaginar a Alejandro tendido al borde de la carretera, cubierto de sangre. Apenas llegó al Hospital Ángeles Valle Oriente, corrió tambaleándose hacia la sala de emergencias.
El eco de sus pasos resonó por el silencioso pasillo del hospital. En cuanto vio las pue