Vir soltó con brusquedad el cuello de la camisa de Diego. Luego intentó contener la furia que hervía en su interior y volvió a sentarse, mientras Mateo permanecía de pie detrás de él.
El ambiente dentro del histórico Café de Tacuba, en el centro de la Ciudad de México, era sofocante. Bajo las antiguas lámparas colgantes y entre los pilares de piedra, Vir De la Vega Montesino luchaba por controlar la rabia que le consumía el pecho. Frente a él, Diego Costa fumaba su puro con absoluta calma, como