Un par de horas después.
Aranza estaba abriendo la puerta de la pensión, cuando la SUV de Ernesto se estacionó frente a la casa, Ernesto descendió con rapidez y la estrechó por la espalda, acercando su rostro al de ella.
—Lamento no haber llegado a tiempo —expresó—, estuve con Daniel —mencionó.
—Estabas en buenas manos —Aranza respondió mientras cerraba sus ojos.
—No, a él no lo puedo besar, ni hacerle el amor —susurró en su oído.
Aranza sonrió y recargó su cabeza al pecho de él.
—Eres terrible