Capítulo 42

Un par de horas después.

Aranza estaba abriendo la puerta de la pensión, cuando la SUV de Ernesto se estacionó frente a la casa, Ernesto descendió con rapidez y la estrechó por la espalda, acercando su rostro al de ella.

—Lamento no haber llegado a tiempo —expresó—, estuve con Daniel —mencionó.

—Estabas en buenas manos —Aranza respondió mientras cerraba sus ojos.

—No, a él no lo puedo besar, ni hacerle el amor —susurró en su oído.

Aranza sonrió y recargó su cabeza al pecho de él.

—Eres terrible
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