A la mañana siguiente.
Lis estaba armando un par de bloques con ayuda de Arnulfo y Farah, mientras Ernesto se desocupaba de una reunión vía zoom.
Justo en ese momento, Daniel llegó a la cabaña, luego de que la madre de su amigo abrió. Sonreía con ánimo. Se dirigió hacia la sala en donde estaban reunidos jugando con la pequeña.
—¿Cómo estás? —Arnulfo se puso de pie.
—Muy bien, gracias —dijo—. Traigo buenas noticias —mencionó.
En ese momento Ernesto se acercó a él.
—¿Escuché bien? —cuestionó co