Ciudad de México.
Sandra caminaba de un lugar a otro, en la sala de urgencias médicas, su corazón latía con agitación, mientras esperaba que le avisaran como se encontraba su hija.
—No te puedes morir —mencionó. «Eres el único vínculo que me une a tu papá», pensó, para ella misma.
Tomó asiento y recordó como es que la había duchado en la bañera colocando hielos en el agua, y dejó abierta las ventanas mientras la bañaba. No le importó el llanto ni la súplica de la niña, al tener mucho frío.
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