Lis quien lloraba con gran intensidad, sin dejar de parar ante lo asustada, que se encontraba al estar en un lugar extraño, rodeada de personas desconocidas, y además de haber sido tratada para controlar aquella enfermedad, estiró sus pequeños brazos para que su papá la abrazara.
—¡Papá! —exclamó una vez más, entre grandes sollozos.
Ernesto se sentó de inmediato sobre la cama para poder hacer lo que su hija requería. Con mucho cuidado la tomó entre la calidez de sus brazos, sintiendo como su ag