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—Hola, zorro.

—Hola, pendejo. Creí que nunca te conectarías. Y sabes que detesto que me llames así.

Stu frunció el ceño y se inclinó con cuidado para espiar la pantalla. Era algo que no podía evitar desde la noche que volviera a San Francisco, cuando había descubierto que verla le decía tanto de ella como escucharla.

C estaba sentada en el suelo de lo que parecía ser un pasillo estrecho. La

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