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—De todas formas, traje la guitarra, en caso de que queramos practicar.

Me sorprendió escucharte detrás de mí, en la puerta de la cocina, y giré para sonreírte. Pero no te veía bien, porque entre nosotros se interponía una postal de ensueño, en la que estábamos sentados juntos en la playa con la guitarra, cantando. Imagino que mi sonrisa me delató, porque reíste con ganas.

—Refrena esa imaginación, ya casi llegamos —dijiste, divertido—. ¿Sabes? Es la primera vez en años que esto

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