Al subir a mi auto, observé la dirección en la pantalla del GPS. En ese instante comenzó una batalla dentro de mí: ¿debía ir o no a ese lugar? A pesar de haberme puesto mi mejor vestido, sentía que algo faltaba. No era maquillaje, ni perfume... era seguridad. Confianza en mí misma.
¿Qué demonios estaba haciendo? No quería que me descubrieran con un cliente, pero tampoco soportaba la idea de vivir el resto de mis días encadenada a reglas que no elegí. Ya no soy una niña. Soy una mujer. Y ha lleg