Khloe
Al día siguiente, todo estaba listo. Teníamos que dejar el país. Irnos lejos, empezar de nuevo. Laia seguía en el hospital, y yo empacaba sus cosas con manos temblorosas. No había visto a Maicol desde la noche anterior. El estómago me ardía de ansiedad.
La puerta se abrió de golpe. Jorge entró con una carpeta y un par de mochilas en las manos.
—Estas son sus nuevas identidades —dijo, dejándolas sobre la camilla.
Tomé mi pasaporte. Lo abrí.
Nombre: Rosa Díaz.
Fruncí el ceño.
—¿Quién eligió