Un abrazo… el suyo. Me envuelve como si pudiera sostenerme entera solo con eso. Me hace sentir viva. Esta noche, por un instante, parece perfecta.
—Señor, disculpe la interrupción... Jessica está afuera. ¿Desea que la dejemos pasar? —anuncia una voz tras la puerta.
Jessica.
El nombre cae como un balde de agua fría. Lo miro, buscando respuestas. La tensión en su rostro me lo confirma: ella es la madre de su hija.
—No la dejen entrar —responde sin vacilar.
—Tranquilo, yo me voy —murmuro mientras m