Capítulo 58. El sacrificio
La mañana en el palazzo amaneció bajo el asedio de los medios. Los helicópteros zumbaban sobre el techo, y el aire vibraba con la anticipación de la prensa. Liana estaba en su suite, vestida con un traje blanco inmaculado, un símbolo de pureza y reforma. Lucifer estaba a su lado, vestido de negro riguroso, su figura era la de un hombre a punto de entrar al cadalso.
Lucifer había obedecido. Había ordenado la transferencia masiva de activos y había cancelado la orden de ejecución contra Isabella. Su furia era un pozo silencioso que se manifestaba solo en la forma en que su mano izquierda (la no herida) se cerraba y abría rítmicamente.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Lucifer, su voz baja. No era una pregunta sobre la estrategia legal, sino sobre el alma.
—Es el único camino. Si te arrestan, el imperio se desangra y perdemos a Evan. Si yo me presento como la líder que coopera, gano tiempo y legitimidad —respondió Liana, sin mirarlo. Estaba repasando sus notas, la frialdad de su es