La rutina en "El Sabor del Amor" se había vuelto un torbellino, y aunque Mateo y Sofía intentaban proteger sus momentos íntimos de la marea del trabajo, la presión seguía latente. La conversación sobre la expansión, aunque pausada, seguía siendo un eco en sus mentes, y la competencia con "Fénix" de Diego Robles, aunque sutil, mantenía a Mateo en un estado de alerta constante. El éxito traía consigo una visibilidad que los exponía, no solo a la admiración, sino también a las sombras del pasado.