60. Voy a seguir intentando

Anabell

El apartamento huele a pintura fresca y a café barato.

No es feo. Tampoco es acogedor. Es… funcional. Un rectángulo pequeño con una cocina integrada, una ventana que da a una calle gris y una cama que cruje cada vez que me muevo. Lo alquilé con el dinero que todavía me queda del divorcio y parte de lo que recuperé del anticipo de la librería. No es el ático. No es amplio ni luminoso. Pero es mío.

Y eso debería bastar.

Mel está sentada en el único sofá, con las piernas cruzadas y el ceño
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