46. Es una cita
Anabell
Todavía siento sus labios.
Es absurdo.
Estoy en el ático de Gael Thompson, con la respiración aún desacompasada por un beso que no estaba en ningún contrato, y lo único que puedo pensar es que he cruzado una línea invisible que no sé si puedo deshacer.
Acepté.
El local.
La sociedad.
La posibilidad de algo que es mío.
Me arrodillo frente a la mesa baja del salón y saco la carpeta que traje desde el pueblo. La que nunca me atreví a abrir delante de nadie. La que representa todo lo que Mar