23. No te pido que te enamores
Gael
La observo desde el marco de la puerta sin que ella lo note.
Anabel mete su ropa en la maleta con movimientos secos, precisos. No es un berrinche. No es drama. Es una decisión tomada. Dobla la blusa con la que llegó, guarda el libro que siempre carga bajo el brazo, mete el neceser en el bolsillo lateral y cierra la cremallera con un sonido que me resulta demasiado definitivo.
Ese sonido me molesta más de lo que debería.
Porque suena a final.
Y odio no saber cuándo un final se me está escap