22. Me voy hoy mismo
Anabell
No llego a tocar la manija de la puerta cuando ya puedo sentirlo.
Ese peso en el pecho.
Esa sensación de que nada está en su lugar.
La casa se abre detrás de mí con un golpe seco y, antes de que pueda dar dos pasos, escucho mi nombre.
—Anabel.
No me detengo.
Camino directo por el pasillo, con el eco de sus pasos siguiéndome y otro par más detrás. Sé que es Josh. Puedo sentirlo. La casa está demasiado llena de gente y de cosas no dichas.
—Anabel, espera —insiste Gael.
No lo hago.
Entro a