24. Cambiar el juego
Gael
No logro concentrarme.
El teléfono lleva diez minutos boca abajo sobre la mesa y, aun así, siento que vibra. No lo hace. Pero lo siento igual. Como si John pudiera llamarme solo con pensarlo.
—No estás escuchando —dice Josh desde el sofá—. Te lo estoy diciendo en serio, Gael.
Me paso una mano por el cabello y resoplo.
—Sí te escucho, joder.
—No —replica—. Estás oyendo palabras, pero no el fondo. Y el fondo es este: ya no estás jugando limpio.
Me giro hacia él.
—Nunca he jugado sucio en mi