Después de la apuesta y aquella conversación que ninguno quiso nombrar demasiado, algo cambió. No fue dramático. Simplemente… el aire se volvió distinto. Más ligero. Como si entre Kaiden y yo hubiera aparecido un puente que antes no existía. Frágil, sí. Pero real.
Y al parecer, él estaba dispuesto a cruzarlo. Al menos cuando se trataba de sus hijos.
Así fue como, sin planearlo, terminé convertida en su instructora particular.
La primera lección fue sobre algo tan poco épico como el eructo.
Auro