Los rostros de sus padres se iluminaron al darse cuenta de que Dan también estaba en la sala. Apartaron la vista de Rubí y, sorprendidos, se dirigieron a su hijo:
—Dan, ¿no decías que te quedarías unos días con tus compañeros? ¿Cómo te lastimaste la mano? ¿Y qué haces aquí?
Dan se encogió de hombros.
—Me caí, no fue nada grave —respondió—. Pero ustedes… ¿dónde han estado? ¡Los busqué por toda la casa!
La madre de Dan, con voz suave, le tomó la mano:
—Escuchamos que tu hermana nos quería ver y…