—¿Y esto qué? ¿Es asunto tuyo acaso? —se burló Rubí con sarcasmo.
—Soy tu esposo. ¿Cómo puedes decir que no me concierne? —La voz de Marcus se volvió más fría, cortante. No pensaba perdonar a quien había hecho llorar a su esposa, fuera quien fuera. Ella era la mujer que había prometido valorar y proteger.
—¡Señor Maxwell, por favor, compórtese con dignidad! —Rubí no entendía por qué Marcus seguía bromeando en una situación como esa.
Intentó secarse las lágrimas con torpeza, pero mientras más lo