—Rubí, ¿dónde estás?—. La voz de Erick sonaba extraña, como si estuviera en una situación complicada.
—¿Acaso quieres preguntarme por Marcia?—. Rubí lo desenmascaró al instante. Su tono se volvió gélido e hiriente.
"Erick siempre fue brillante en muchos sentidos, pero jamás tomaba una decisión firme. Seguramente fue su madre quien lo presionó para llamarme", pensó Rubí mientras sostenía el teléfono.
—Rubí… supe que anoche tuviste un accidente. ¿Estás bien?—, preguntó Erick con evidente vacilaci