Eran dos personas con propósitos ocultos, y aun mirándose a tan poca distancia, no podían leer la verdad en la mirada del otro.
Se mantuvieron así por un instante eterno.
Entonces, Ethan sonrió.
Era una sonrisa encantadora, elegante, completamente distinta a la intensidad ruda de Marcus. Esa sonrisa era como el primer deshielo de primavera: inesperada, cálida y peligrosa.
—Mi querida señora —susurró con voz suave—, en el diccionario de personas como nosotros, ¿cómo podría existir la palabra sin