Una vez dentro, Rubí miró a Serena.
—Si no lo recuerdas, déjalo ir. No te atormentes. ¿Qué te dijo... la madre biológica de Zoey?
—Me contó muchas cosas sobre mi pasado, pero pensándolo bien, creo que la mayoría son mentiras —dijo Serena con seriedad.
Rubí asintió.
—Si hay una posibilidad... dejaré que alguien más te cuente la verdad. Tal vez eso te ayude a recordar. ¿Necesitas ver a un médico?
Serena no respondió directamente, pero preguntó con una mirada penetrante:
—¿Tú me crees? ¿No tienes miedo de que haya sido enviada como una espía?
Los ojos de Rubí se llenaron de angustia. Instintivamente, llevó una mano a su abdomen.
—Yo también soy madre, y soy mujer. Y sé que, por muy manipuladora que pueda ser alguien, no lastimaría a un niño. Eres inteligente, y no quieres que Zoey controle a tu hijo. Incluso sin memoria, tu cuerpo te impulsa a proteger a Dylan. Ese instinto... no miente.
Serena alzó la vista, sorprendida. Asintió lentamente.
—Tienes razón...
Dudó un instante, y luego le