—Es una gran idea. Qué buen chico. Vamos —respondió ella con una sonrisa.
Dylan la tomó de la mano y bajaron las escaleras juntos. Rubí los siguió con la bandeja en las manos.
Una criada se acercó enseguida y le quitó los platos. Entonces, Dylan tomó la mano de su madre y le pidió que los acompañara.
Las rosas ya habían sido recortadas y colocadas en los jarrones. Solo quedaba cortar las hojas y las espinas. Mientras Calissa hacía esto, Dylan se sentó en silencio a un lado, esperando sus instru