Tobias ya había ordenado a todos a su alrededor que no dijeran ni una palabra. Confiaba en ellos. Marcus no podría averiguarlo tan pronto.
Justo cuando Tobias pensaba qué decir, Marcus se dio la vuelta lentamente y lo miró con frialdad. Preguntó:
—¿Cómo terminó así? ¿Podría ser que, porque la empujé, ella...—
Su expresión se tornó sombría mientras se culpaba a sí mismo.
Por la tarde, mientras discutía con Tobias, Rubí tiró de él, pero él la apartó. Podría ser...
—¡Pero el doctor dijo que estaba bien! —los ojos de Marcus se enrojecieron.
La mirada de culpa y pena en su rostro conmovió a Tobias, quien había vivido tantos momentos difíciles.
Sólo en ese instante Tobias comprendió cuánto amaba Marcus a Rubí.
Solo cuando un hombre ama profundamente a alguien reacciona así.
Tobias sintió que su hijo era un verdadero bastardo por casi contarle la verdad.
Sin embargo, Sabrina, que estaba a su lado, dio un paso adelante como si leyera la mente de Tobias. Lo tomó del brazo y negó con la cabeza.