Rubí la ignoró. Tomó la revista y comenzó a hojearla. Apenas vio la portada, se quedó sorprendida. Su ceño se frunció en señal de incredulidad. Luego hojeó el contenido un par de veces más... y rompió en carcajadas.
La revista publicaba un reportaje sensacionalista: acusaba al restaurante de Zoey de servir porciones pequeñas, con precios exagerados y alimentos de dudosa frescura. Incluso afirmaba que parte de la carne servida provenía de gatos y ratas callejeros, troceada, rociada con orina de cordero y vendida como si fuera cortes de ternera o cordero.
Para cualquier restaurante, aquello era una sentencia de muerte.
Hasta entonces, gracias a su excelente ubicación, alquiler accesible y buena publicidad, el restaurante de Zoey había prosperado, a pesar de sus precios elevados y porciones mínimas. Incluso tenía buenas críticas en línea. Pero tras la publicación de este artículo, la reputación de Zoey y el destino del restaurante quedarían gravemente afectados.
Y no era solo eso.
El rep