Estas palabras fueron realmente groseras, pero quien las dijo tenía una voz agradable. En ese caluroso día de verano, esa voz hacía que las palabras sonaran menos duras.
—¡Buena réplica! —pensó Rubí.
Al instante, supo que era Marcus quien llegaba.
Al principio, encontró las palabras divertidas en su corazón, pero no sonrió. Simplemente miró a Marcus con admiración y dijo:
—Tienes toda la razón, querido.
Al ver la expresión exagerada en su rostro, Marcus se sintió mucho mejor, aunque aún estaba