Sabrina sintió un dolor de cabeza solo de pensarlo. Incluso llegó a considerar que el golpe que Marcus le había dado a Leonardo había sido demasiado leve. Si realmente hubiera podido hacerlo entrar en razón de un solo puñetazo, habría sido un alivio.
Pero… uf.
Después de unos minutos más de charla, Marcus tuvo que despedirse. Rubí lo acompañó hasta la salida junto a Dylan, ambos sonriendo. Marcus, al ver la expresión de Rubí, no pudo evitar preguntar:
—¿Qué pasa? Estás sonriendo tanto…
—Estoy feliz —respondió Rubí con una risa ligera.
—¿Feliz por qué? —preguntó Marcus, tomándola de la mano mientras caminaban.
Rubí vaciló un momento, lo miró con dulzura y dijo:
—Estoy feliz de que mi esposo me proteja y me defienda.
—¿Ah, sí? —Marcus sonrió levemente.
Rubí asintió.
—Bueno… también pienso enseñarle una lección a ese mocoso de Leonardo a mi manera. Pero me hace feliz saber que estás dispuesto a defenderme sin dudarlo.
—Esa es la forma de un hombre —dijo Marcus con convicción—. Y jamás pe