Rubí lo miró y dijo con calma:
—Quentin, no tienes por qué culparte. Es una excelente mentirosa, y cualquiera habría caído en sus palabras. Nadie espera que alguien llegue al punto de hacerle esto a su propia hermana.
Ya no mostraba el aura fría e intimidante de antes; su tono era despreocupado y tranquilo. Quentin dejó escapar un suspiro de alivio. Temía haber quedado mal, pero las palabras de Rubí lo tranquilizaron.
Poco después llegó la ambulancia y se llevó a Marcia.
En cuanto se marchó, Ru